
Martín Raninqueo combatió en Malvinas contra la potencia militar de Inglaterra junto a un contingente de soldados mapuche que se enlistaron en favor de Argentina cuando ese país decidió declararle la guerra al Reino Unido. El 2 de abril de 1982 se inició la Operación Rosario, que implicó el desembarco de tropas sobre las islas del Atlántico Sur. A 33 años de aquel episodio, con mapuche sacrificando sus cuerpos en la defensa de la Mapu, los sobrevivientes reflexionan sobre la importancia de la soberanía territorial y cómo los conflictos evidencian la disposición del pueblo mapuche a defender a sus vecinos, incluso cuando estos se presentan desleales en la actualidad.
Para el pueblo mapuche, la respuesta ante amenazas externas ha sido históricamente clara: combatir el abuso y defender la vida. Una vez cumplida esa misión, se retorna a los asuntos internos. La organización guerrera mapuche, integrada por konas, inkatufu, tralolftufu entre otros, guiados por un toqui columnas que cuentan con la sobrenatural preparación de los waichafe, ha sido una estructura de resistencia que ha trascendido el tiempo y las circunstancias, sin función ni estructura en la actualidad, pero la conciencia viviente de ser parte de la jerarquía colectiva que el pueblo ancestral requiere, no se ha abandonado.
La contradicción y la opresión
Argentina, en un momento crucial de su historia, utilizó a sus soldados en una guerra externa, mientras en décadas anteriores ese mismo ejército había ejecutado la Campaña del Desierto para ocupar las tierras del Este de Wallmapu al sur del río Salado. Raninqueo, excombatiente y miembro del pueblo mapuche, reflexiona: «Este conflicto bélico se entrelaza con las luchas históricas de los pueblos originarios. La guerra de 1982 trasciende la disputa por la soberanía de las islas, conectándose con la memoria de la Campaña del Desierto y la lucha por la recuperación de los territorios ancestrales».
El veterano recuerda una coincidencia impactante: combatió en el Regimiento 7 de Infantería, la misma unidad que había participado en la Campaña del Desierto. «reconozco la contradicción de haber sido parte de una estructura militar que tuvo un papel crucial en la subyugación de mi pueblo. Viví con sentimientos encontrados», comenta. Antes de ir a la guerra de Malvinas, comenzó un proceso de búsqueda de su identidad mapuche, tomando distancia de la narrativa oficial argentina.
Ante mis ojos: Remington y flechas
Durante su estancia en Malvinas, Raninqueo tuvo una revelación: el hallazgo de flechas en la estancia Los Cerrillos, donde su regimiento realizaba instrucción. «Esa aparición fue como un mensaje de mis ancestros». Además, conoció los fusiles Remington, utilizados durante la Campaña del Desierto, que eran conservados como reliquias en su regimiento. Para él, estos elementos representan un golpe de memoria: una conexión entre el presente y el pasado colonial.
«La perspectiva mapuche sobre la Guerra de Malvinas va más allá de las islas y la disputa territorial. La lucha por la soberanía de Malvinas se vincula estrechamente con nuestras reivindicaciones territoriales. Defendí la soberanía de Malvinas por parte del Estado argentino, pero también recuerdo que los primeros en llegar a Malvinas no fueron franceses, ingleses ni argentinos, sino los Selknam y Yámanas, quienes surcaban los canales fueguinos mucho antes que cualquiera de ellos».
La reafirmación de la disputa
Los Estados de Chile y Argentina han mantenido una disputa constante con los pueblos ancestrales del sur, pero en el caso de Wallmapu, la lucha, además del territorio, es por convivencia. La nación mapuche ha colaborado con ambos países en momentos históricos clave: sin la inteligencia militar mapuche, San Martín no habría cruzado los Andes; sin el reconocimiento mapuche, Chile no habría consolidado su territorio. Sin embargo, la respuesta de estos Estados ha sido la traición sistemática y la usurpación.
Tras la guerra, Malvinas quedó definitivamente bajo control británico y hoy es un enclave militar de la OTAN. Raninqueo afirma: «El Estado argentino tiene una deuda con la nación mapuche, especialmente con quienes defendieron los territorios ancestrales. Tiene una deuda con nuestros caídos, con aquellos que fuimos a defender esos territorios».
«Si Argentina tiene aspiraciones de justicia, debe reconocer los territorios usurpados durante la Campaña del Desierto y detener la estigmatización y violencia ejercida contra nuestro pueblo», señala.
La traición histórica y la posición mapuche
Así como Malvinas, los actuales Estados ocupan territorios de pueblos ancestrales. Cuando el dominio español colapsó, la nación mapuche acogió a los “huachos” abandonados por el viejo régimen: les dio refugio, alimento e incluso tierras para su estancia. Sin embargo, con el tiempo, esos mismos acogidos eligieron la traición y ocuparon los territorios mapuche, usufructuando de sus riquezas.
La conmemoración de Malvinas es un ejemplo más de la prestancia mapuche ante la amenaza a sus vecinos, más allá de la actitud de sus gobernantes. Mantener el mal alejado ha sido siempre el principio del pueblo mapuche, y esa misión debe continuar con los nuevos invasores, conservando la posición original: la defensa y recuperación de las tierras ancestrales.
Por Raigan Nawel